Comprando la Libertad de Expresión y de Prensa en América Latina

A principios de la semana pasada concluyó la Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP, o también SIAPA por sus siglas en inglés) en Brasil, que reúne a los principales periódicos y agencias informativas del continente, y que se ha venido constituyendo como un ágil monitor de la libertades de prensa y expresión en la región.

Sus conclusiones fueron, a grandes rasgos: Que la intolerancia de gobiernos autoritarios y la violencia del crimen organizado contra periodistas, son las principales amenazas al periodismo del continente. Éstas se expresan en el creciente número de homicidios contra periodistas en países como México, Honduras, Brasil y Ecuador, entre otros, y las reiteradas amenazas contra el periodismo libre en países como Cuba, Argentina, Venezuela o Ecuador, promovidas por los presidentes de esos mismos países.

Hasta aquí, poco que no se conociera. Pero las conclusiones de la SIP también advierten de las tentativas políticas de restricción informativa en países como Brasil, Chile, Perú o Uruguay. Es decir, lo notable es que aquellas no se constriñe únicamente a gobiernos autoritarios como los de Cuba o Venezuela, sino que implican a países formalmente democráticos. En realidad, tales intentos son más frecuentes y amplios de lo imaginado y van desde la molestia de las autoridades con los periodistas por “informar sólo lo negativo” (como ha sucedido muchísimo en México), hasta francas prohibiciones informativas y la expropiación de medios amparadas por leyes, congresos y tribunales.

¿Que hay detrás de este generalizado acoso contra las libertades de prensa y de expresión y que no se limita únicamente a los gobiernos populistas del ALBA? Desde mi punto de vista, algo muy simple: La tradicional visión de muchísimos políticos latinoamericanos (de los políticos en general) de que las enormes sumas de recursos gastadas por “su” gobierno implican la tácita aprobación social de su visión del mundo; un agradecimiento social consecuente; la obligación de medios y otros actores de quedarse con lo “bueno”, omitiendo lo demás. Son los tradicionales reflejos del estatismo y su cauda de clientelismo, autoritarismo, adoctrinamiento, regulación extrema, secretismo… Por eso, el tenaz intento de muchas burocracias (sin importar su ideología) de presionar y silenciar cualquier posible espacio crítico.

Hoy, en América Latina, ejercer y defender las libertades de expresión y de prensa significa colisionar con buena parte del espectro político-burocrático (como le faltó observar a la SIP). De allí su reacción y su continuada tentativa de utilizar todos los recursos a su alcance para comprar y usar esas libertades a su favor. Y en detrimento de ciudadanos y medios.

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