Dándole lecciones al mundo

En la reciente XXII Cumbre Iberoamericana de Cádiz los latinoamericanos desplegamos una de nuestras más populares actitudes: Andar dando lecciones al mundo… sin sustento.

Fue llamativo cómo presidentes diametralmente opuestos en lo ideológico, como Dilma Rousseff, de Brasil, y Sebastián Piñera, de Chile, hablaron de una nueva relación entre Latinoamérica y Europa y hasta de que aquella puede dar recetas a la Unión Europea sobre cómo combatir su dura crisis económica, para lo que se recomendó distanciarse claramente de la austeridad defendida por la canciller alemana, Angela Merkel, para superar la crisis de la deuda en la UE. Nadie ofreció un euro, claro, para sustituir los fondos que se exigen al contribuyente alemán, pero los consejos se agradecen.

No puede negarse la profundidad de la crisis europea y sus efectos especialmente agudos en España, el anfitrión de la Cumbre y a quienes se dirigían tantos buenos consejos. Este último país atraviesa su peor crisis económica en décadas, en la que el desempleo ha alcanzado niveles inusitados de alrededor del 25% y se espera que su economía siga cayendo hasta bien entrado el 2013. Por el contrario, el Producto Interno Bruto en América Latina crecerá en conjunto 3,2% este año y 4% en 2013, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Claro, mucho de ese crecimiento está condicionado a la demanda de commodities (petróleo, gas, cobre, alimentos, etc.) y no está claro si su demanda resistirá el enfriamiento de la economía china, su principal comprador. En tal sentido, dar lecciones económicas es, por decir lo menos, apresurado.

Tampoco, por supuesto, es posible negar el gran crecimiento de algunos países latinoamericanos, crecimiento que sirvió a la señora Rousseff como aval para sus recomendaciones. Sin embargo, la señora Rousseff olvida conveniente y sistemáticamente que el éxito brasileño no es producto de las políticas de ella ni de su antecesor, Luiz Inacio Lula da Silva, sino de las bases macroeconómicas sentadas desde la década de los noventa por Fernando Henrique Cardoso. Por lo demás, desde hace meses, Brasil se debate en un agudo estancamiento económico y aunque la economía ha parecido reanimarse en las últimas semanas, dicha recuperación es sólo producto de los fuertes programas de estímulo financiero lanzados desde su gobierno, sin garantía de su éxito final ni la razonabilidad de su ya abultado costo ni sus consecuencias, en la inflación por ejemplo.

Finalmente, tampoco puede negarse un buen indicio de la mejorar sustantiva de las economías latinoamericanas: Cargada con dinero en efectivo y acceso más expedito al crédito, las empresas latinoamericanas han empezado a comprar activos en Europa. En lo que va de 2012, las compañías latinoamericanas han anunciado compras de activos europeos por casi US$13.000 millones (inversiones muchas de ellas apalancadas con créditos chinos). Sin embargo dicho crecimiento está sólo acotado al último año y en los anteriores, se mantiene cierta regularidad desde 2004, cuando las inversiones comenzaron a crecer. Es decir, aunque la relación entre América Latina y Europa ya no es tan unidireccional como en el pasado, tampoco puede preverse con seguridad si dicho dinamismo continuará ni mucho menos puede atribuírsele a algunas políticas expansivas recientes.

En lugar de presumir una situación que no es lo firme que se supone, los gobiernos latinoamericanos harían bien en lograr, por ejemplo, la efectiva vigencia de los Derechos Humanos y la Libertad de Prensa, cuya situación ha venido decayendo en los últimos años hasta niveles africanos. Harían bien en dedicar parte del tiempo que usan para hablar de sus logros económicos, a airear la difícil situación en temas como justicia, fuerzas armadas y policiales y el deterioro del debido proceso penal en prácticamente todos los países de la región. Deberían de lograr el respecto irrestricto a los procedimientos democráticos, para que la democracia no se pervierta a manos de gobiernos abusivos, militarizados, clientelares y corruptos… como muchos que tenemos ahora mismo. Todos estos son temas que han venido malográndose en los últimos años, ocultos tras la autosatisfacción engañosa de los buenos índices económicos. Lograr su restitución y plena vigencia sí sería una buena lección que nos debemos a nosotros mismos.

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2 pensamientos en “Dándole lecciones al mundo

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