Venezuela, tan enferma como Chávez

Los resultados de las elecciones regionales de este domingo en Venezuela, no despejaron las sombras sobre el futuro de ese país, aunque dieron algunos indicios del camino y los conflictos por venir.

Indicativo de esas dificultades es que el chavismo ganó las elecciones en 19 de los 23 estados, aunque con ventajas menores al 9 por ciento. Por su parte, la oposición se mantuvo en el poder en 3 de los estados (aspiraba a conservar los 5 que gobernaba) y queda uno por determinar al ganador (Infografía de los resultados), en unas elecciones donde la abstención rondó casi el 50%. La oposición perdió estados que se creían sus bastiones (Zulia, Táchira), pérdidas sólo suavizadas (y vaya buena noticia) por la reelección de Henrique Capriles en Miranda, superando al ex vicepresidente Elías Jaua, aunque por apenas cuatro puntos y fracción. Los nuevos gobernadores tomarán posesión de sus cargos el 5 de enero, cinco días antes de la hipotética toma de posesión de Hugo Chávez.

La reelección de Capriles, tras ser derrotado en octubre por Chávez en las presidenciales, había sido vista por muchos analistas como unas primarias de facto dentro de la oposición. Y pasó la prueba, mientras que algunos rivales quedaron en el camino. Así, Capriles recogió algunos de los dividendos de haber aceptado prontamente y sin dramatismos su derrota en octubre. Para muchos en la oposición resultaba fundamental el triunfo de Capriles, ya que si Chávez no toma posesión, tendría que convocarse a elecciones y éstas habría que realizarlas en un lapso de 30 días, lo que aprieta mucho los tiempos y exige un candidato opositor reconocido y con liderazgo.

Considérese que el chavismo no sólo tuvo todos los recursos públicos a su disposición (incluidos 12 candidatos provenientes de las Fuerzas Armadas): también utilizó la parafernalia de rezos y actos religiosos para pedir por la salud de Chávez, manipulando así su enfermedad para inspirar lástima e influir en la votación, como efectivamente lo buscó y lo logró. A esto agréguese maniobras como la conferencia de prensa del presidente en funciones Nicolás Maduro durante la propia votación. El vicepresidente llamó a los venezolanos a votar pensando en Chávez, violando la veda: “Es un voto de amor por un hombre que siempre lo ha dado todo por el pueblo de Venezuela, que nunca le ha fallado. Que nadie le falle a Hugo Chávez”. Poco después y todavía mientras se seguía votando, se dio por televisión el parte médico de su salud y sus supuestas palabras, llamando a votar y, claro, a no fallarle, frente a la casi unánime inacción de la autoridad electoral.

Frente a ello, la oposición no tuvo los recursos ni la capacidad de movilización del oficialismo para comprar votos ni inducir voluntades. Pero tampoco tuvo la estrategia ni el talento para plantar cara a la manipulación del PSUV. En buena medida, se vio una oposición lenta, desarticulada, falta de iniciativa. Y al margen y todavía peor aún: Con líderes opositores con un discurso que en muchos sentidos parece una copia light del chavismo.

Versus una oposición dislocada en su estrategia y discurso, y golpeada por los resultados, no queda más que observar que el chavismo, por ahora y quizá por poco, puede sobrevivir sin Chávez. Lo que es un logro nada menor, en las condiciones en que hoy se encuentra Chávez, que eventualmente podría morir, quedar inhabilitado o renunciar por su grave enfermedad.

El escenario de una próxima “ausencia de Chávez”, por cualquiera de las razones que se plantean, no deja al chavismo tan a la intemperie como se llegó a pensar. Tras años de haber invertido ingentes cantidades de recursos en construir un proyecto casi religioso, alrededor de un nuevo Mesías, tal parece que se están recogiendo algunos dividendos: Todavía con la cohesionante presencia de su líder, el chavismo estaría cimentando exitosamente su transición, si nos atenemos sólo a los resultados electorales de este domingo y a la creciente homogeneidad del estado venezolano, donde las instituciones, más que ser “públicas” se comportan cada vez más como subordinadas al poder de Chávez y de sus nuevos herederos.

En un escenario de este tipo, ¿cuánto futuro podría tener la oposición o una simple alternativa discursiva? No mucho, desde mi punto de vista, mostrando que por ahora, Chávez ha tenido éxito en su proyecto de descomponer y hacer fracasar a Venezuela durante los años por venir. Falta por ver si sus herederos serán tan exitosos y permanecerán cohesionados en un escenario de falta absoluta de Chávez, lo que ya no es tan seguro.

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