¿Golpe de Estado en Venezuela?

El 10 de enero pasado se concretó en Venezuela la postergación ad eternum de la juramentación de Hugo Chávez y, en consecuencia, la imposición de Nicolás Maduro como presidente de la República, tal como era dable esperar, ya que los poderes públicos venezolanos se encuentran casi totalmente controlados por el chavismo. Éstos cumplían así, a rajatabla, la voluntad de Hugo Chávez al viajar a La Habana en diciembre pasado para ser operado, de que Maduro fuera su sucesor: “si algo ocurriera, que a mi me inhabilite para continuar al frente de la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir como manda la constitución el período, sino que mi opinión firme y plena, irrevocable, absoluta, total es que en ese escenario, que obligaría a convocar a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana”. De esa manera culminó la meteórica carrera política de Maduro: de chofer a presidente en veinte años y sin haber ganado ni un solo voto.

La imposición de Maduro fue posible aprovechando vacíos y ambigüedades de la Constitución que el propio Maduro ayudó a redactar cuando fue diputado constituyente, en 1999, y que fue escrita originalmente para beneficiar a Hugo Chávez. Ahora sirve para justificar que Chávez y sus herederos sigan dando órdenes a los sumisos poderes del Estado.

Así, los obedientes miembros del Tribunal Superior de Justicia crearon el concepto de “continuidad administrativa”, no establecido en la Constitución, para justificar que Chávez no se presentara a su juramentación y que Maduro pudiera ejercer la Presidencia. Trémulos, ni siquiera se atrevieron a entrar al análisis, que marca la Constitución, de si Chávez está en “falta absoluta” o “falta temporal” y tampoco a formar una “junta médica”, como también establece la Constitución, para determinar si Chávez puede seguir gobernando.

¿Lo que sucedió en Venezuela el pasado jueves 10 fue un golpe de Estado? Depende de quién lo juzgue y qué considere. Para algunos, decididamente sí fue un golpe de Estado y el de Maduro es un gobierno de facto, como denunció el Gral. Raúl Baduel, preso político de Chávez y su exministro de Defensa: “es un gobierno de facto (…) un Estado pirata con un ropaje democrático para ocultar una dictadura fascista postmoderna (…) impuesto por la abyecta sumisión de los poderes públicos”.

Para otros, el proceso respetó el espíritu constitucional y tan es así, que hasta el mismo Maduro se permitió amenazar con acciones legales “muy contundentes” a quienes no reconocieran su gobierno, lo que supondría como están las cosas en Venezuela, cárcel al menos para los “culpables”. (Al margen: ¿Cuál habría sido la reacción de la izquierda internacional si por ejemplo, Felipe Calderón hubiera amenazado en los mismos términos a quienes no reconocieron su gobierno en México? Hoy es de silencio cómplice frente a las amenazas del nuevo régimen venezolano)

Para algunos pocos, como es mi caso, ciertamente hubo un gran cúmulo de violaciones y omisiones legales pero que no alcanzan para calificar el proceso como un “Golpe de Estado”. Sencillamente fue el resultado de la conjunción de una Constitución deficientemente redactada y unos poderes públicos débiles, sumisos a la voluntad del caudillo y ahora, a los tutores del “chavismo sin Chávez”. El nuevo gobierno venezolano es un gobierno irregular pero cualquier otra solución que se hubiera practicado tendría igual irregularidad.

En el plano internacional, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha señalado que respeta la decisión tomada por los poderes venezolanos y que ningún país ha solicitado discutir siquiera el tema. Esto puede cambiar este miércoles, ya que está agendada una sesión ordinaria del Consejo Permanente de la OEA y podría ser que algún país pida discutirlo, sin embargo, vista las cosas, es improbable que esto suceda. En general, los países de la región preferirán (por realismo o por provecho propio) no entrar al berenjenal venezolano. Lo cual supone una omisión terrible: Con su disimulo, lo único que alientan es que el chavismo se envalentone y vaya contra los últimos restos del Estado de Derecho.

Esa es, a mi parecer, la estación del Calvario que sigue: El chavismo estaría preparándose para eludir la convocatoria a elecciones presidenciales, en caso de que se llegase a verificar una “falta absoluta” de Chávez. Esto quizá podría lograrlo sólo efectuando una reforma constitucional o un referendo y que Maduro (o Diosdado Cabello según resuelvan dentro del chavismo el reparto de poder) complete los 6 años del período administrativo iniciado el jueves.

En ese contexto, pierden sentido las prevenciones de que el gobierno de Maduro sólo está facultado para esto o aquello. En realidad, el chavismo empujará todo lo que pueda, con todo lo que tenga a la mano, para quedarse con todo el poder todo el tiempo que pueda. Así, no importa el juicio que se tenga de lo que pasó el 10 de enero. Importará y mucho, en cambio, lo que suceda a continuación. Y para las diplomacias nacionales de la región, esto elevará más y más el costo de esconder la cabeza como han hecho hasta ahora.

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