Yoani Perseguida

La bloguera cubana Yoani Sánchez inició el pasado 17 de febrero un viaje de 80 días por una decena de países de América y Europa. Para una mujer que en múltiples ocasiones ha sido amenazada, encarcelada, secuestrada, torturada y golpeada, y que luchó durante cinco años para que el gobierno cubano la dejara salir a recibir varios premios y dictar algunas conferencias a que la invitaban, esta travesía será lo más cercano a una vuelta al mundo, con los ojos alucinados de Verne. Al respecto, no debe perderse de vista que al amparo de una insuficiente reforma migratoria, en las últimas semanas el gobierno cubano ha concedido pasaportes a críticos y disidentes como a Sánchez y a la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, pero no los ha autorizado para ex presos políticos excarcelados los últimos años y cuyas condenas siguen vigentes.

Yoani Sánchez ha ganado notoriedad internacional y reconocimientos como los premios Maria Moors Cabot en 2009 y Ortega y Gasset de periodismo digital en 2008, gracias a su blog Generación Y, creado en 2007. Mostrando las carencias cotidianas de la vida en Cuba, el blog se convirtió rápidamente en un fenómeno de masas y sujeto académico y político de estudio. Así y tras presentar a la nueva política migratoria como el mayor logro de las reformas impulsadas por el presidente Raúl Castro, era muy improbable que la dictadura impidiera su salida, por la resonancia internacional de Yoani (por ejemplo, su cuenta en Twitter tiene casi medio millón de seguidores, mientras que el periódico oficial Granma no llega ni a los 45 mil en la misma plataforma). Habría sido un gran escándalo internacional, difícil de contener. Pero la tentación seguramente existió, como ha venido mostrando el accidentado viaje de Yoani.

En Brasil, diversos eventos de Yoani Sánchez han sido saboteados violentamente por militantes procastristas; el más reciente apenas este sábado. Hoy sabemos que estos grupos fueron organizados por la Embajada cubana en Brasil, con el apoyo del Partido de los Trabajadores (en el poder) e incluso, quizá, por el propio gobierno brasileño. Aunque el gobierno de Dilma Rousseff ha afirmado que la presencia de funcionarios brasileños en la Embajada cuando se discutió la estrategia contra Yoani fue casi un accidente y que Yoani cuenta con protección del gobierno, la verdad es que su sola participación (junto con el silencio y la inacción oficiales sabiendo lo que se preparaba) arroja una pesada sombra sobre el real compromiso de Brasil con las libertades y los Derechos Humanos.

Era un secreto a voces el que las embajadas cubanas en diversos países de América Latina forman y pagan grupos para hostigar a disidentes y críticos, integrados aquellos básicamente por estudiantes, sindicalistas, miembros de partidos cercanos. Yo mismo he sido testigo de sus actuaciones en Costa Rica y Argentina contra Carlos Alberto Montaner. Y he sabido de sabotajes del mismo carácter contra Hilda Molina y otros en Argentina, México, Ecuador, Venezuela… Pero no han sido los únicos y no se limitan al mero sabotaje de eventos, sino que incurren muchas veces en lo francamente delincuencial. En términos generales, aunque este tipo de actuaciones generan situaciones lindantes con la violencia, rara vez los sabotajes (escraches les llaman en Argentina) se convierten en atentados extremos como, por ejemplo, los golpes o el asesinato. Pero esto no es porque los protestantes y sus mandantes sean tranquilos colegiales, sino porque su objetivo es matar, más que a una persona, a su imagen. Ante episodios como éstos, en el mundo anglosajón se habla por eso de character assasination: “asesinato de carácter”. Y sus antecedentes pueden rastrearse al menos hasta el nazifascismo en Italia y Alemania.

Es natural que el gobierno cubano tenga miedo de Yoani: Su discurso desnuda la Revolución que dijo ser y nunca fue, para terminar siendo todo lo contrario: Un régimen al servicio del totalitarismo, la censura, el empobrecimiento de todos y a favor del enriquecimiento de un clan familiar y sus aliados. Por eso es natural suscribir el juicio de Hilda Molina: “Ellos no utilizarán sus recursos para alimentar al hambreado pueblo de Cuba, pero sí tienen una poderosísima oficina que elabora libretos para tratar de destruir física y moralmente a los que abren la boca”.

Pero la dictadura cubana haría bien en advertir que, si es verdad que los sabotajes causan zozobra y molestias entre sus críticos y opositores, también lo es que generan un vivo y vasto sentimiento de rechazo en la opinión pública. Lúcida a este respecto, la revista Espacio Laical de la Archidiócesis de La Habana, advirtió que los ataques de esos grupos contra Yoani atentan contra la credibilidad de la revolución a la cual pretenden defender. Y la desacreditan como nunca antes a una escala continental.

La dictadura cubana no caerá por los ochenta días de Yoani. Mayor trascendencia para su futuro lo tendrá el destino de Hugo Chávez, inextricablemente unido a la suerte de los Castro. Pero corroerá su legitimidad ante algunos públicos y le disputará espacios (comunicacionales, políticos, universitarios) que consideraba ganados de una vez y para siempre. Y aunque algunas declaraciones de Yoani en este periplo no han sido bien entendidas ni bien recibidas (algo natural por lo demás, en cuanto se va conociendo mejor a la personalidad detrás de la pantalla), sin duda avanzarán en el propósito de exhibir a una Revolución ya caduca, que sólo se sostiene por el interés pecuniario de sus (malos) defensores.

Quisiera concluir mencionando que no deja de llamar la atención que si universitarios, sindicalistas, políticos, se convierten en violentos opositores del pensamiento libre y la crítica, ¿cómo no justificar que empresas, inversiones, ahorros rehuyan a nuestros países y que nuestras sociedades vivan en la desconfianza y el sobresalto perpetuos? Lo que han hecho jóvenes brasileños con Yoani, se repiten en muchos otros países y lo peor, se reitera en muchísimas universidades de la región, mutatis mutandis. Nuestras universidades (muchas públicas, pero también privadas), y además infinidad de sindicatos y partidos, son un arcaico depósito de prácticas e ideas superadas por la realidad, instituciones hoy administradas y usufructuadas por grupos cuyo único propósito es perpetuar la pobreza y beneficiarse de ella. Son parte de las elites que mantienen a muchísimos latinoamericanos en la miseria. Al exhibirse, nos permite identificarlas, denunciar su comportamiento y rebatir sus falaces argumentos, lo que ojalá contribuya a mejorar la situación de los pobres en esta región.

Comentarios: @victorhbecerra

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2 pensamientos en “Yoani Perseguida

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