ALBA: La Diplomacia del Berrinche

No lo lograron en esta ocasión. Pero lo seguirán intentando. A los regímenes socialistas del continente les molesta la libertad de expresión y por ello buscan condicionarla, limitarla, administrarla y finalmente, eliminarla. Liderados por los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), buscaron en el debate de este viernes 22 de marzo en la Organización de Estados Americanos (OEA), restringir las acciones y el financiamiento de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión que funciona en el seno de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, dependiente de la OEA.

La tentativa tiene su origen en las críticas iniciales de la CIDH de la persecución de periodistas y la agresión a medios de parte del presidente Rafael Correa de Ecuador, a lo que siguió la exigencia del gobierno ecuatoriano, en 2011, de realizar reformas en el funcionamiento de la CIDH, postura a la que se adhirió el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, molesto por los similares cuestionamientos de la CIDH, y quien asumió la causa como propia y alineó a los países del ALBA y UNASUR en la tentativa. En buena medida, pues, la postura de Ecuador surge de un berrinche personal del presidente Correa, apoyado por el finado Hugo Chávez, y en ello se han gastado ingentes cantidades de recursos públicos en el cabildeo de su iniciativa y reuniones de todo tipo y nivel, pero también en la creación de organismos de utilería como la UNASUR y la CELAC, buscando sustituir a la OEA o, mejor dicho, que ésta ceda al chantaje y dinamite y desfinancie sus instrumentos de protección de los Derechos Humanos: la CIDH, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, y a las relatorías, en concreto la de Libertad de Expresión.

No debe olvidársenos que la CIDH fue un puntal casi solitario en la lucha por los Derechos Humanos contra las sangrientas dictaduras militares de los años 70’ y 80’s en Sudamérica y también en Centroamérica. Por ello no fue una exageración cuando el subsecretario de Estado de Estados Unidos, William Burns, dijo en el pasado debate que la CIDH “durante más de cinco décadas ha sido la conciencia moral de este continente”. Tras esa trayectoria, la CIDH y las demás instituciones del Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) son hoy el mecanismo más importante en materia de protección y promoción de derechos humanos de América, y el último recurso de defensa de los 500 millones de habitantes del continente ante las violaciones de los Gobiernos de la región.

La izquierda latinoamericana, cuando ha sido oposición, busca el amparo de los DDHH. Cuando está en el poder, los instrumentaliza y parece que sólo los conmemora cuando le son útiles para atropellar y acallar a su oposición. Por ende es explicable que las dictaduras militares de los 70’s y los 80’s sean continuadas por los regímenes populistas de los 90’s e inicio del siglo XXI, bajo la forma de un “fascismo plebiscitario” que se cree con derecho de limitar y hasta anular derechos y garantías por mayoría.

Al respecto, cabe preguntarse: ¿qué libertad de expresión, qué prensa quieren los gobiernos del ALBA? Me imagino que algo como TeleSUR: periodistas y medios viviendo del erario, meros repetidores de los gobiernos, prensa genuflexa, militante, “democratizadora” de la uniformidad y la disciplina, temerosa de utilizar la “libertad” que le otorgan los gobiernos. Así, a los gobiernos del ALBA no les basta atropellar la división de poderes en sus países, quieren también una prensa cómplice y adicta, y organismos interamericanos ciegos, sordos y mudos.

Aunque las reformas de Ecuador y países del ALBA no fueron aceptadas, a propuesta de Argentina se seguirán discutiendo las distintas iniciativas de cambios a la CIDH y en general, al SIDH, que presenten los países. Así, Argentina le dio a la ALBA una nueva oportunidad de seguir adelante con un proceso de cuestionamiento sin fin del SIDH y al eventual debilitamiento de sus instrumentos. Aunque cabe observar que dicho filibusterismo del ALBA tendría que hacerlo en condiciones cada vez más adversas, por el creciente aislamiento de esos regimenes (en su intento de debilitar a la CIDH, Venezuela y Ecuador sólo lograron unir tras de sí a Bolivia y Nicaragua, con apoyos incidentales por parte de Argentina, Colombia y Grenada) y la deslegitimación en que se hunden por sus malos resultados económicos, la perversión de sus prácticas políticas y el abuso de prácticamente todos sus representantes.

El debate del viernes pasará a la historia como una jornada durante la cual el berrinche se hizo política de estado entre los gobiernos de la izquierda populista, y se dio la mano con el chantaje. Al final, un debate como ese prestigia más que cuestionar a la CIDH: Si la CIDH es incómoda para los Gobiernos, eso es señal de que está cumpliendo bien su trabajo.

Víctor H. Becerra

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