Los BRICS: ¿Una Alianza Antioccidental?

Hace unos días cerró la 5ta Cumbre anual de los países BRICS en la ciudad sudafricana de Durban, con la presencia de los presidentes de Brasil, Dilma Rousseff; de Rusia, Vladimir Putin; de China, Xi Jinping, y de Sudáfrica, Jacob Zuma, así como el 1er. ministro de India, Manmohan Singh. Los resultados no fueron lo satisfactorio que se esperaban y refuerzan, por ahora, el punto de vista de quienes creemos que los BRICS están lejos, muy lejos, de ser el nuevo polo de poder mundial que ellos (o sus publicistas) dicen ser.

El punto culminante de la Cumbre sería la creación de un Banco de Desarrollo, que “sustituya al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial” y sea la base de “un nuevo orden financiero mundial”. Se trataba de la primera vez desde la reunión inaugural de los BRICS hace cuatro años en Yekaterinburg, Rusia, que sus miembros respaldan sus demandas de un orden global más igualitario con planes concretos. Sin embargo, el proyecto se frustró, al menos por ahora y al parecer por la renuencia rusa, aunque el proyecto cosechaba creciente dudas entre muchísimos expertos. No se acordó cómo debe ser gestionado el nuevo Banco, cómo financiarlo, la o las monedas con las que operará, ni siquiera dónde situar su sede. Detrás estaba también la falta de recursos de los miembros: Los diez mil millones de dólares que costaría a cada país financiarlo, China puede tenerlos, Rusia también (aunque no quiso al parecer), pero no Brasil, ni India ni mucho menos Sudáfrica. Por ahora, toca poner paños fríos a las exageraciones: Si finalmente se crea en 2014, esta nueva institución será mucho menor que el Banco Mundial y el FMI, así que tendrá un impacto marginal comparado con el de esas instituciones.

El fracaso en la creación del banco, su primera institución conjunta, fue una mala noticia en la pretensión de los BRICS de ser un contrapoder a Occidente. Y por tanto, los resultados concretos de su unión seguirán esperando, con lo que su Cumbre fue todo, menos espectacular. El único logro de ella, fue el acuerdo de China con Brasil, para la utilización de sus respectivas monedas en sus intercambios comerciales, aunque ello es parte de la estrategia china para facilitar su comercio, el cual es el sustento de su economía. Sin embargo, sus consecuencias en la economía internacional no serán apreciables, al menos en el corto plazo, en tanto China no impulse otros acuerdos de este tipo y tenga resultados apreciables, que le den credibilidad. Otros logros, como los planes anunciados sobre economía verde, infraestructura en África (ambos sin cifras ni plazos) y la creación de su Consejo Empresarial son algo menos que papel mojado, mientras que su posicionamiento en el tema sirio, sigue evidenciando el irrespeto de los BRICS a temas fundamentales como el de los Derechos Humanos.

Este grupo, que representa el 42 % de la población mundial, el 21 % del PIB mundial, el 20 % de la inversión extranjera directa, alrededor del 45 % de la fuerza de trabajo del planeta y 15 % del comercio mundial, busca ser una alternativa al sistema financiero liderado por Occidente. En tal sentido, los BRICS plantean pasos importantes para la modernización de la gobernanza económica mundial. Pero sus ambiciones son muy superiores a sus reales potencialidades, como deja ver el tema del Banco BRICS.

Por eso, hablar de “los BRICS” como “el nuevo polo de poder mundial”, es mera retórica. Sin dejar de observar su importancia, presente y futura, hoy los BRICS no forman una comunidad, no son una institución, no coordinan decisiones; son Estados individuales que actúan de manera diferente, con sistemas sociales, políticos y económicos muy distintos, unidos más bien por una casualidad estadística en el tiempo.Tienen posicionamientos distintos en la economía mundial: China e India, que importan vastas cantidades de commodities, quieren precios más bajos de ellas; mientras que los exportadores -Brasil, Rusia y Sudáfrica- desean valores más altos. Además, cuentan con importantes diferencias, que hacen su actuación internacional conjunta muy difícil y a veces, hasta esquizofrénica: Como muestra están las demandas por dumping a China por parte de Sudáfrica y Brasil. O las restricciones de Rusia y Sudáfrica a los productos agrícolas de Brasil. De igual modo, mucha de su grandilocuencia se dirige contra el G8… del que Rusia forma parte. O bien, mientras Brasil, India y Sudáfrica se empeñan en reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, éste privilegia a Rusia y a China con membresías permanentes. Síntoma de su insustancialidad internacional fue que el pasado año, los BRICS no lograron acordar un candidato del mundo en desarrollo para presidente del Banco Mundial y no pudieron evitar que entrase un estadounidense (como viene sucediendo desde su fundación en 1946), Jim Yong Kim, nacido en Corea.

Para los países miembros del colorido grupo de economías emergentes, sus regiones son la prioridad por ahora, quizá con la única excepción de China. Además Estados Unidos, Europa y Japón siguen teniendo hoy mayor influencia en la gobernanza mundial y la seguirán teniendo mañana. Aunque el poder mundial se está moviendo y reforzando nuevas regiones, el poder de los BRICS es restringido. El real reforzamiento lo obtiene el G-20, es decir, las economías más grandes del mundo, de las cuales ellos forman parte.

Hoy los BRICS se juntan para tener, como grupo, más peso en las organizaciones internacionales, y también para oponerse a Occidente. Pero qué tanto representan una diferencia sustancial y mejor respecto a Occidente, es controvertido. Al respecto, recuérdese que una buena cantidad de ONG’s realizaron una contracumbre en Durban en protesta contra el crecimiento de los BRICS, “que, hasta el momento, solo es posible gracias a condiciones laborales inhumanas”; al respecto, el alquiler de esclavos entre China y Corea del Norte, y de ésta a Rusia, son un buen ejemplo de dichas condiciones. Adicionalmente, todos los BRICS registran un elevado nivel de corrupción, mala educación, peor sanidad y pocos avances en sus reformas internas, mientras crecen sus desequilibrios sociales y ecológicos. En tal sentido, ninguno de estos países puede ser considerado como un legítimo modelo alternativo. Mera retórica pues.

Pero la retórica, en muchísimas ocasiones, puede ser peligrosa. La palabrería que ha permitido a los BRICS vender la ilusión de que significan un cambio cuántico en la historia y la economía, de ser un motor en medio de la crisis generalizada del mundo, también les ha significado defender a regímenes impresentables como los de Gaddafi, al-Assad, Ahmadinejad, Kim Jong Un y los hermanos Castro. Hoy, en buena medida, el mundo es más peligroso y sufre más gracias a esas posiciones motivadas por la obsesión ideológica. ¿Qué tanto los dirigentes de los BRICS creen en ellas o simplemente las utilizan como fichas para distinguirse en la real politik internacional? Es difícil decirlo. Lo cual es doblemente negativo: Quizá nunca tanto poder se había reunido en manos de dirigentes poco dispuestos a defender los logros de la democracia liberal y la civilización occidental, y sobre los que no sabemos sus reales pretensiones.

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Un pensamiento en “Los BRICS: ¿Una Alianza Antioccidental?

  1. Este autor claramente tiene una tendencia occidntal, nunca menciona la cruel maquina de muerte que es la OTAN, ni las verdaderas razones para hacer caer los regimenes indeseables como el los llama. Carece de objetividad en su totalidad.

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