Matrimonio gay en Latinoamérica: Tarde pero llegará.

El matrimonio entre personas del mismo sexo es un tema de cada vez mayor prominencia en América Latina. Por un lado tenemos la reciente discusión en la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, cuyo desenlace en junio próximo dejará una profunda huella en nuestra región, por ser vecinos y por la inextricable interrelación entre nuestras sociedades y códigos culturales. Por el otro, la inminente aprobación en Uruguay del “Matrimonio Igualitario” (designación puesta por mentalidades políticamente correctas al matrimonio gay u homosexual) reanimará la discusión en muchísimos de nuestros países.

Al respecto, el alto tribunal norteamericano debe dirimir dos cuestiones: Una, la validez de la prohibición del matrimonio gay en California en 2008. La otra es si los cónyuges gays deben seguir teniendo menos derechos que cualquier otra pareja por la ley DOMA (Defense of Marriage Act) que aprobó el “progresista” William Clinton en 1996, y la cual define el matrimonio sólo como la unión entre un hombre y una mujer, lo que implica que las parejas gays carezcan de un sinfín de derechos federales, por ejemplo el de herencia, pensión o residencia. La decisión del Supremo se espera en un par de meses y todo parece indicar que la Corte rechazará conocer sobre el primer caso (para no avasallar la autonomía de los estados mediante una decisión federal), de modo que prevalecería la decisión del último juez federal en pronunciarse al respecto, y que estableció que la prohibición en California era inconstitucional. Será una decisión controvertida, pero que deja el tema de Matrimonio Gay a la propia evolución de las sociedades, lo que me parece en esencia correcto.

Por hoy, en EEUU, nueve estados y la ciudad de Washington celebran bodas entre homosexuales, mientras que Rhode Island e Illinois tramitan su legalización; otros 10 estados permiten algún tipo de unión legal entre parejas homosexuales (no matrimonio), reconociéndoles los mismos, varios, o algunos derechos similares a los del matrimonio. En notorio contraste, 30 estados prohíben explícitamente el matrimonio homosexual en sus leyes o constitución estatal, y sólo uno (Nuevo Mexico) no tiene legislación que prohíba o reconozca de forma explícita el matrimonio entre personas del mismo sexo.

De manera reciente, numerosos políticos norteamericanos, demócratas y republicanos, como Hillary Clinton y los senadores republicanos Jon Huntsman y Rob Portman, han venido manifestando un cambio de perspectiva a favor de los derechos de las parejas del mismo sexo, continuando así la larga lucha por el Matrimonio Gay en EEUU, donde el primer intento de unión legal entre dos personas del mismo sexo se remonta a 1971, aunque pueden rastrearse algunos antecedentes en el llamado “Boston Marriage” del siglo XIX.

La inminente aprobación del Matrimonio Gay en Uruguay, en tanto, será un fuerte fulminante para sociedades como la chilena o la brasileña (el matrimonio entre personas del mismo sexo se haya reconocido en 10 estados de Brasil), donde el tema corre con distintas velocidades, pero no demasiada rapidez, a pesar de la esforzada lucha de tantos activistas por la diversidad sexual y, claro, como siempre, tantas promesas de los políticos. Si lo aprueba la Cámara de Diputados este miércoles 10 de abril, tras de aprobarlo el Senado, Uruguay será la décimo segunda nación del mundo en adoptar esa medida, uniéndose así a ejemplos como el de la Ciudad de México, que en diciembre de 2009 se convirtió en la primera de América Latina en aprobar el matrimonio gay (aunque por ahora esa legislación no se ha replicado en ninguna otra ciudad mexicana). O Argentina, que fue el primer país de la región en aprobarlo en su legislación federal, en julio de 2010. O España, donde la ley que reconoce el derecho de las parejas del mismo sexo al matrimonio entró en vigor en julio de 2005.

Todos estos antecedentes muestran que el movimiento a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo ha logrado salir de la clandestinidad y será, durante mucho tiempo, parte legítima del paisaje de reivindicaciones en sociedades cada vez más plurales y abiertas. Lo que suceda en Uruguay, pero sobre todo en EEUUU, sin duda tendrá efectos en las legislaciones que rigen el matrimonio no sólo en nuestros países, sino fundamentalmente en el mundo occidental. Enhorabuena.

Pero a este respecto, ¿qué dicen los liberales latinoamericanos? La legitimidad de la diversidad sexual, ha sido una reivindicación fundamental y originaria del liberalismo, argumentando que cada persona es la única propietaria de su propio cuerpo y que lo que suceda entre adultos libres de elegir no es asunto de nadie más, mucho antes que la izquierda la hiciera una reivindicación distintiva. A muchísimos liberales no les vendría mal releer, por ejemplo, al Hayek de “La Constitución de la Libertad”.

Pero para no tomar posición en el tema del matrimonio gay (porque a una gran cantidad de ellos lo único que les importa es la economía), muchos liberales (como aquí en este espacio hace unos días mi amigo Eric Araujo) salen con la argucia de que no lo apoyan porque “lo que defiendo es el derecho que el individuo tiene sobre su voluntad y su cuerpo” (Araujo dixit). Bonita declaración de principios, pero que además de linda también hubiera sido seria, si Eric y los liberales con esa postura la hubieran hecho valer mientras tantos estados y municipios mexicanos, por ejemplo, legislaban contra el matrimonio gay o rechazaban de plano conocer las solicitudes de casamiento de parejas homosexuales o se resistían a reconocer los efectuados en la Ciudad de México. Los principios se hacen valer en las luchas diarias, no en el papel para la corta posteridad.

Otra excusa de tantos liberales para no tomar postura (¿o escapatoria para no revelarse como los conservadores disfrazados de liberales que algunos son?) es que no pueden apoyar el matrimonio gay porque estarían convalidando que el estado intervenga y decida sobre una relación entre adultos libres. O afirman que mejor que buscar el matrimonio gay sería buscar la derogación de todas las normas relativas al matrimonio. Claro: el grueso de ellos lo dice desde matrimonios hechos y derechos, a los que no les preocupó meter al estado a formalizar su casamiento. O con parejas a las que nunca les plantearían eso de que no deben casarse civilmente porque el estado… O, peor aún, desde posturas de inacción y esterilidad política porque lo suyo es sólo, supuestamente, “defender principios”… Ojala pronto los liberales latinoamericanos asuman el tema desde lo que es: el de una condición impuesta abusivamente, donde una mayoría (heterosexual) impone sus preferencias y códigos a una minoría (homosexual), que no cuenta con los instrumentos necesarios de defensa legal.

Desde mi visión, los liberales defendemos una sociedad basada en la libertad y en los contratos mutuos y voluntarios. Al estado le asignamos el papel de ser garante de dichos contratos voluntarios, siempre y cuando éstos no colisionen con la libertad de otras personas. El que esos acuerdos sean mutuos y voluntarios, y que respeten la esfera de libertad de los demás, son las únicas condiciones que le permiten al estado distinguir los contratos que puede amparar o no. Y precisamente, a mi parecer, el matrimonio gay cumple enteramente dichas condiciones.

Tarde o temprano, México (igual que otras naciones latinoamericanas) será un país que creerá firmemente en la libertad intrínseca de toda persona para decidir con quién casarse y que al estado sólo le corresponde ser garante de dicha decisión; como acaba de mostrar la empresa encuestadora Parametría, aunque la postura en contra del matrimonio gay sigue siendo mayoritaria en México, hay que observar que “en 2003 casi 8 de cada diez mexicanos se manifestaba en contra de que se legislara a favor de los matrimonios gays, en 2013 esa postura llegó a 53 %, es decir, 23 puntos por debajo de lo registrado hace diez años”, y que son los jóvenes y los más educados los más proclives a apoyar estas uniones. Así, estoy cierto de que la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo, en algún momento del futuro se verá tan ridícula y fuera de lugar como la prohibición del voto o de educación para la mujer, la prohibición del matrimonio interracial o entre clases distintas… Al respecto, ojala los liberales acompañen esa evolución.

Víctor H. Becerra

@victorhbecerra

Publicado originalmente en el portal del Movimiento Libertario de México:

http://www.libertarios.info/site/matrimonio-gay-en-latinoamerica-tarde-pero-llegara/

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2 pensamientos en “Matrimonio gay en Latinoamérica: Tarde pero llegará.

  1. Hola Victor,
    Ya había leído tu artículo en el sitio Libertarios de México. Pero de veras no estoy de acuerdo contigo.
    Si te interesa puedes encontrar mi respuesta en mi blog Casaitalia.
    Pero es más que una respuesta; es mí visión del problema, que es una visión al igual libertaria. Si me permites más libertaria pues quiere desengancharse de la autoridad del estado para certificar decisiones que son libres y personales.
    Un saludo

    • Gracias. La lectura se agradece. La idea de que el estado no debe intervenir en “decisiones que son libres y personales” me parece un subterfugio; sólo reitero lo ya dicho en el artículo. Por lo demás, no me interesa entrar a una discusión de cuál postura es más libertaria: ese tipo de discusiones me parece que han hecho un tremendo mal. Gracias de nuevo y saludo.

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