Superman y la Libertad

Sólo llevado por el “pre-cumpleaños” de mi pareja (él sí un ferviente admirador de Superman), fui el miércoles pasado a la premier de “El Hombre de Acero”, la película dirigida por Zack Snyder (300, Watchmen) y producida por Christopher Nolan (la trilogía de El Caballero oscuro), sin saber prácticamente nada de la película, excepto las bases argumentales que casi todos conocemos: Krypton, Jor-El y Lara, sus padres originales, Kansas, Kal-El/Moisés/Jesucristo y sus nuevos padres, Jonathan y Martha Kent, su evasivo amor por la periodista Lois Lane, y poco más.

Debo advertir que el ícono de Superman me había dicho poco en el pasado: nacido y crecido en la provincia más conservadora de México, son otros personajes y otros comics mis referencias de infancia (¿será muy presuntuoso decir que Dante ocupa en mí el lugar central que Superman ocupa en otros?). En su momento, tampoco el arquetípico Superman de Richard Donner, encarnado por Christopher Reeve, representó mucho para mí. Así que mire “El Hombre de Acero” sin predisposición contra las novedades argumentales que molestaron a tantos admiradores del superhéroe. Al margen, habrá que decir que han existido diversos Superman desde que fue creado en 1932 (entonces encarnando un fiero anticapitalista) por el escritor estadounidense Jerry Siegel y el artista canadiense Joe Shuster, aunque no nació oficialmente hasta Junio de 1938, cuando la primera aventura del personaje fue publicada en Action Comics, 1 de DC Comics. A lo largo de estos 75 años, el personaje ha experimentado múltiples variaciones, dentro de un orden más o menos inmutable.

El hilo argumental principal, enérgico, de “El Hombre de Acero” es la condición de Superman como inmigrante y huérfano en Smallville, Kansas, donde Jonathan y Martha Kent inculcan en él su ética de clase media estadounidense, para después iniciar su obligado y escabroso tránsito a Metrópolis, necesitando disfrazar en todo momento su doble condición para no asustar a los demás. Esto hace que, desde siempre, el inmigrante/huérfano Superman haya sido un potente símbolo del carácter estadounidense, en el que se entretejen orígenes, creencias, convenciones literarias, aspiraciones sociales, referencias y tradiciones culturales del pueblo estadounidense, con más ímpetu y de forma más accesible que cualquier otro símbolo socio-cultural del siglo XX norteamericano.

Pero en el fondo, el núcleo que cohesiona la condición dual en Superman es el concepto de individualidad. Individualidad que se ordena en torno a la experiencia psicológica de dejar el pasado a cambio de la oportunidad de reinventarse en el futuro y en oposición a los otros. Así, los inmigrantes/huérfanos si bien son obligados a dejar el pasado, empero son libres de reinventarse a sí mismos, asumiendo su individualidad intransferible y única, incluso al costo de la desconfianza subyacente en los demás. Tal es el núcleo del mito de Superman y que “El Hombre de Acero” recoge y reformula de manera admirable: El individuo es soberano, y él es el capitán de sí mismo.

Muchos son los momentos de la película que ilustran tal filosofía: La destrucción de Krypton aparentemente por una especie de “capitalismo” de estado totalitario a la China; la expedición punitiva del General Zod, el agente del mal en ese universo totalitario; el encarcelamiento de Superman por el ejército norteamericano; su traición por el mismo gobierno al ser entregado a Zod; las políticas de estado como disfraz y vehículo de los intereses personales de dirigentes y grupos de interés; la privacidad como valor cardinal a proteger en el conflicto entre Lois Lane y Perry White; la destrucción de drones manipulados por el gobierno…

Así, Superman en el “El Hombre de Acero” encarna el rechazo a las burocracias y al poder descontrolado, es la oposición respecto al colectivismo y la predestinación que encarna el sistema de valores del General Zod, es la legitimación de una política exterior enteramente ajena a todo intervencionismo exterior y agresión inmotivada, es el llamado a un control absoluto y al adelgazamiento radical del Estado, la comprobación de la eficacia de la libertad frente a la incompetencia, abuso y corrupción de todo gobierno. Así, Superman, en la mirada de Snyder/Nolan es la irrupción definitiva de la causa libertaria en el ‘mainstream’ americano.

Superman (este nuevo Superman) puede ser un arquetipo libertario, al que no le hace falta ser empujado por un gran gobierno ni ser un burócrata o activista “bienintencionado” para hacer del mundo un mejor lugar, pudiendo en este caso optar los individuos por hacer lo correcto al defenderse y valerse por sí mismos.

Sé que Christopher Nolan, a raíz de una encendida polémica por diversas lecturas similares que se hicieron sobre su trilogía de Batman, rechazó de plano cualquier lectura política o ideológica en sus películas. Sin embargo, las ideas libertarias están allí, en el “El Hombre de Acero”, para quien quiera mirarlas y prestarles atención.

El Hombre de Acero”, como objeto artístico en sí, bien vale la pena, por varias razones, comenzando por el más que adecuado casting, el buen desempeño de Henry Cavill como Clark Kent/Superman y los muy buenos efectos especiales. Por otras, como la más bien frígida relación entre Clark Kent y Lois Lane, decepcionará. Pero en su apuesta sin reticencias por la libertad y la responsabilidad del individuo, significa un sorprendente contrapunto a mucho del cine complaciente y manipulador que hoy se hace en Hollywood y en muchas otras partes.

El texto fue publicado originalmente en la web del Movimiento Libertario de México: http://www.libertarios.info/site/superman-y-la-libertad/ 

@victorhbecerra

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