#CFK: Regreso triste a El Calafate

¿El kirchnerismo se acabó? Podría resultar prematuro el diagnóstico de un kirchnerismo huérfano y en retirada tras los malos, muy malos resultados de las elecciones primarias del pasado 11 de agosto. Ese día, se visualizó nada menos que la pérdida de 4 millones de votos para el kirchnerismo, en relación a las presidenciales de 2011, además de perder los más importantes distritos electorales como la provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, aunque el gobernante Frente para la Victoria (FpV) sigue siendo la fuerza más votada, frente a una oposición fragmentada y dispersa. Se trató de la peor elección nacional del kirchnerismo desde que llegara al poder en 2003 y tocando de cerca a la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien planificó esas elecciones en torno a su figura. Pero falta saber si dicho resultado se concretará dentro de 70 días, en el escenario que realmente importa: las elecciones legislativas del próximo 27 de octubre, en las que se renovará la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado argentino. En tal sentido, el kirchnerismo no ha perdido nada. Aún.

De cualquier manera, y en vista de varias encuestas electorales, que el 27 de octubre le dan al kirchnerismo menos votos incluso que en las primarias, lo que sepultaría de una vez y para siempre el sueño de una reforma constitucional para permitir la Re-Reelección de la presidenta en 2015, algo ya asumido por el kirchnerismo más recalcitrante, “los soldados de Cristina”, uno esperaría ver a la presidenta Fernández preparando desde ya la transición, el inicio del “postkirchnerismo” durante lo que le resta en el gobierno. Pero no. Desde la misma noche de su derrota se dedicó a no aceptar los resultados y atacar a sus opositores y a los medios de comunicación, actitud que se acentuó en los días posteriores (incluso ante un auditorio integrado por niños y adolescentes!), en un menú diario de descalificaciones, amenazas, caricaturizaciones, ataques, difamaciones… Y anuncios irrisorios de que el kirchnerismo ganó en la Antártida… donde viven 230 electores. ¿Será ese el estilo de gobierno que los argentinos pueden esperar en los dos años que le faltan a su gestión?

Así parece. No esperemos una presidenta resignada ni entrada en razón, por más que algunos de sus cercanos vayan abandonándola, incluyendo los que antes se enorgullecían de su “progresismo” y hoy comienzan a renegar de él por mera estrategia de supervivencia, conforme crezca la percepción de impotencia y posible derrota. Y de descontrol: La respuesta oficial ayer domingo a las nuevas acusaciones del periodista Jorge Lanata sobre el posible traslado de fondos ilegales al paraíso fiscal de las islas Seychelles, por parte de la propia presidenta en enero pasado, produjo el hecho insólito de un gobierno que desmiente a su propio diario oficial: La respuesta de la Casa Rosada habla de que la visita a Seychelles fue por una obligada “escala técnica de 13 horas”, cuando el Boletín Oficial de la República Argentina había señalado ya, en su página 7, que Seychelles era una escala oficial de dos días. Errores no obligados que dan credibilidad a los informes y rumores de una inconmensurable corrupción prohijada por el matrimonio Kirchner y sus cercanos, la cual está en la base del creciente repudio electoral al kirchnerismo. Al márgen, habrá que estar pendiente de los ataques en los próximos días a Lanata; seguramente habrá la tentación del gobierno de aprovechar el escándalo para dar un golpe al Grupo Clarín.

Un presidente argentino no es, institucionalmente, un mandatario débil, como el mexicano, sino uno estructuralmente fuerte que tiene poder de veto frente a medidas del Congreso y que puede incluso hacerlo a un lado, gobernando por medio de decretos. Es de esperar que tales rasgos hiperpresidencialistas se acentúen hasta las elecciones legislativas e incluso, durante los meses faltantes hasta el 2015, en un esfuerzo para convertir al gobierno kirchnerista en uno de monarquía absoluta. O algo cercano a eso… De allí el poder sugerente de un diagnóstico como el ofrecido por el periodista y neurólogo Nelson Castro, sobre el Síndrome de Hubris en la personalidad de la presidenta Cristina.

¿El kirchnerismo se acabó? Quizá está en vías de eso, esperando a su defunción oficial. Pero sólo para renacer y reconfigurarse después bajo la guía de un nuevo líder. Así como ningún político argentino reconoce hoy haber sido nunca partidario de la dictadura o del menemismo, después de octubre ninguno habrá sido nunca kirchnerista. De allí que se escuchen tantos llamados a aceptar la derrota y realizar cambios, que en rigor sólo son pretextos en voz alta para abandonar el barco. Y lo que hoy es kirchnerismo mañana será massismo o cualquier otra cosa. En tal sentido, lo que terminará será el gobierno de los Kirchner, pudiendo regresar Cristina Fernández triste a su retiro familiar en El Calafate, tras demostrar que una mujer puede ser tan incompetente y corrupta como cualquier hombre. Triste pero opulenta. El kirchnerismo, esa patología argentina englobada en el nombre genérico de peronismo, caracterizada por el irrespeto al estado de derecho y los derechos de propiedad, por políticos abusivos y corruptos, por el “progresismo” izquierdista que todo lo convierte en atasco y retroceso, por el culto al líder providencial, seguramente tendrá más vida.

@victorhbecerra

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