“Entrégate Cristina, estás rodeada”

Este domingo hubo elecciones legislativas en Argentina. Unos 30 millones de argentinos fueron convocados para renovar la mitad de la Cámara baja y un tercio del Senado. Los resultados dejan varias lecturas, desde una dura y amplia derrota del kirchnerismo en todos los principales y más influyentes distritos del país, junto con otra que indica que el kirchnerismo fue la fuerza política más votada en el país y logró mantener (apretadamente) la mayoría simple en ambas cámaras (eso si no se produce el descontado traspaso de la lealtad de un número significativo de legisladores a otras fuerzas). Pero a pesar de dichas lecturas, no sería un despropósito leer estas elecciones como el ejercicio de búsqueda por parte de los argentinos del sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2015.

Enterrada por fin hace unas semanas (una vez que los resultados de las elecciones primarias no permitían prefigurar buenos números para el kirchnerismo) la intención de buscar una segunda reelección consecutiva de Cristina Kirchner, para lo que se requería una amplia mayoría del kirchnerismo en el Congreso y cambiar la Constitución, el largo trecho restante hasta las elecciones presidenciales del 2015 parece que se agotará, en buena medida, en definir quién se quedará con la herencia que pueda legar la presidenta Kirchner al Partido Justicialista (peronismo).

La elección de este domingo arrojó un primer nombre: Sergio Massa, quien derrotó en la provincia de Buenos Aires (el principal distrito del país) al delfín escogido por la presidenta para encabezar la lista de su facción, el Frente para la Victoria, a quien incluso le consiguió el raro privilegio de usar al Papa Francisco como afiche electoral. Gracias a una hábil estrategia publicitaria y al despecho de la presidenta, Massa fue visto por muchísimos argentinos como “opositor”, cuando en realidad fue hasta miembro prominente del gobierno de Cristina Kirchner. Como cualquier político argentino exitoso, Massa fue menemista con Carlos Menem, duhaldista con Eduardo Duhalde, kirchnerista con Nestor Kirchner y cristinista con Cristina Fernández, abandonando cada embarcación en el momento justo. El gran ganador de este domingo fue Massa y causará entre el kirchnerismo una zanja ancha y profunda, dividiéndolo.

Un segundo nombre es el de Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires (por lo tanto, quien carga con parte de los pésimos resultados del kirchnerismo en su provincia) presidente del Partido Justicialista a nivel nacional, y quien espera capitalizar la prematura orfandad del kirchnerismo, por obligado realismo más que por auténtico afecto de la presidenta Kirchner. Al respecto, la popularidad de la presidenta Cristina Kirchner, con todo su deterioro (la empresa Management & Fit situó la imagen positiva de la presidenta en el 43,9%, nueve puntos más que un mes atrás, como efecto de su reciente enfermedad), es muy, muy superior a cualquier figura de su gobierno: De allí no puede surgir ningún candidato serio a la Presidencia, a pesar de lo que pudiera pensar el kirchnerismo más ideologizado, por lo que tarde o temprano la presidenta tendrá que tejer alianzas, reconocer espacios, deshacer tantos agravios que endilgó a Scioli, y esperar, con un poco de suerte, no tener un retiro en El Calafate en medio de citaciones judiciales.

Otros nombres surgieron este domingo con miras al 2015, con posibles buenos augurios, como el de Mauricio Macri, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires desde 2007, pero será la encendida disputa Scioli-Massa la que marcará el futuro del peronismo y el posible fin del kirchnerismo en Argentina. En tal sentido, dado lo previsible de los nombres, los plazos y su ya reducido espacio para ensayar nuevas políticas insensatas, el ocaso del kirchnerismo podría ser más ordenado y tal vez menos calamitoso que como viene siendo el del chavismo en Venezuela, dos expresiones políticas que asociaron sus nombres y sus políticas indeleblemente al abuso político, a la pésima gestión económica y a la corrupción.

De cualquier manera, no hay que olvidar que en los meses venideros la salud de Cristina Kirchner seguirá siendo fuente de incógnitas y de especulaciones políticas. Lo mismo que su regreso, en diez días, según la prescripción médica, o más días o semanas incluso, como ya se especula. ¿Mientras regresa a su despacho, qué pasará con la inflación, el incontrolable déficit fiscal, el posible default de la deuda argentina, la complicada situación del dólar, la galopante inseguridad pública… se les aplica nada más el freezer en lo que regresa la presidenta? En todo caso, todos ellos son los signos evidentes del que el kirchnerismo, tal como lo conocemos, ha agotado todos sus recursos a la mano y ya no tiene futuro.

@victorhbecerra

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