¿Los futuros 20 años del TLCAN?

Este 2014, cumple 20 años el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés), el cual fue firmado el 17 de diciembre de 1992 y entró en vigencia el 1 de enero de 1994, como una ampliación del acuerdo bilateral ya existente entre Canadá y EE.UU. desde 1988. El TLCAN abrió las fronteras entre México, EE.UU. y Canadá, eliminó los aranceles y creó la mayor área de libre comercio del mundo.

El TLCAN ha sido la mayor historia de éxito en América Latina. Dicho esto en momentos en que el Mercosur desfallece (y no se ve que pueda mejorar en el corto plazo), la Alianza del Pacífico es todavía más una promesa que una realidad y experimentos políticos como la Celac y Unasur revelan su contrahechura e incompetencia.

El TLCAN significó la transformación radical de la estructura económica de México y su modernización acelerada, de modo que el producto interno bruto de México ha crecido 65% desde entonces, según datos de la OCDE. Igualmente, el PIB compuesto de los tres países ha crecido alrededor del 53% desde el TLCAN. En tanto, las exportaciones mexicanas a EE.UU. crecieron 571 por ciento de 1993 a 2012, y en 2013 el comercio entre ambos países experimentó un nuevo récord: Las exportaciones mexicanas ascendieron a 280 mil 450 mdd, lo que permitió a México un superávit comercial de 54 mil 303 mdd sobre EE.UU. A Canadá aumentaron 599 por ciento, pero sólo sumaron 10 mil 937 millones de dólares durante 2012. Mientras tanto, el Programa de la Industria Manufacturera, Maquiladora y Servicios de Exportación del INEGI registró que el valor de la producción de estos sectores creció en 262 por ciento (de 87 mil 375 millones de pesos en 1994 a los 316 mil 326 millones en 2004, año en que se dejó de actualizar el dato). En el mismo lapso, el número de empleados creció 97 por ciento (de 522 mil 345 a un millón 26 mil 980). En estos veinte años, el comercio en la región se triplicó, al alcanzar el año pasado el trillón de dólares. Hoy, en la región se comercializan más de dos millones de dólares cada minuto y un millón en ese lapso es entre México y EE.UU.

México experimentó pronto los beneficios del TLCAN: éste fue uno de los grandes instrumentos para, por ejemplo, recuperar el empleo perdido tras el “error de diciembre” que generó la crisis de 1995, tal vez la peor que haya vivido el país en su historia. El TLCAN también dio un fuerte mensaje de que eran serios los esfuerzos para lograr disciplina económica y estabilidad en el país y de que a Europa y otras regiones les convenía negociar con México. Así, el Tratado representó en su momento, la confirmación de la posible complementariedad entre países abismalmente diferentes en términos culturales, económicos y políticos. También sentó el precedente de la transformación de las instituciones de un país, la entrada a la economía global, la estabilidad y la paz a través de alianzas económicas, lo que dio un fuerte impulso a instrumentos como el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), la ronda Uruguay que estableció la Organización Mundial de Comercio, fue también el antecedente del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas y ahora de la Alianza del Pacífico, y ha sido el punto de comparación para otros esfuerzos, como el Mercosur.

Por supuesto que el TLCAN no pudo, ni podrá, dar respuesta a todos los problemas de México, comenzando con los niveles de pobreza o la migración a EE.UU. La respuesta sólo podrá provenir de la valentía, intrepidez y constancia de los propios mexicanos, no de un tratado (o una reforma estructural), por más completo que quiera verse, asumiendo que en el mundo ganan, y seguirán ganando, los que saben adecuarse y hasta adelantarse a los cambios. En contraste, los que pierden, y seguirán perdiendo, son los que creen que conviene vivir en países con economías cerradas y sobreprotegidas.

Es adecuado tener esto presente cuando se reúnan, este martes, los presidentes de Canadá, EE.UU. y México, en la anual Cumbre de Líderes de Norteamérica, cita que se celebrará en Toluca, el próximo 19 de febrero bajo el lema “América del Norte del Siglo XXI. Construyendo la región más competitiva y dinámica del mundo”. Por ahora, no se esperan grandes noticias de este encuentro, y al parecer, los tres países han renunciado a transformar y adecuar al TLCAN a las nuevas realidades del mundo global (China, energía, propiedad intelectual, migración, educación, etc.) En su lugar, esperarán a los resultados de las negociaciones para el Acuerdo de Asociación Transpacífico (PTT), que en los hechos es esperar a lo que EE.UU. y China acuerden, lo que no necesariamente es un nueva noticia para los mexicanos: Significa renunciar de hecho a la relación privilegiada con EE.UU. y ser un actor poco relevante en las negociaciones y los acuerdos del PTT.

En el encuentro entre los presidentes Enrique Peña Nieto, Barack Obama y el primer ministro Stephen Harper, parecen haberse olvidado los grandes logros del TLCAN. Hoy, el TLCAN necesita mayor ambición y prospectiva, no menos, para caminar de un acuerdo cuyo objetivo fue incrementar el comercio entre los tres socios, y que ha logrado con un éxito que hace 20 años no se esperaba, a un nuevo arreglo institucional que haga posible que América del Norte se convierta, en otros 20 años, en una región más competitiva, exportadora a todo el mundo, incluida Asia, con productos de alto valor agregado y gran avance tecnológico, y que México sea la plataforma para lograrlo. Quizá si el presidente Peña Nieto y sus empleados dedicarán más esfuerzos a esta tarea y no a consecuentar tiranos tropicales, esas serían nuestras perspectivas a futuro.

@victorhbecerra

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