No es la persona, es la receta

Para el Club Anarcocapitalista de Cuba
que con su valiente trabajo nos muestra que
puede haber vida en la más absoluta oscuridad

Coincidiendo con los dos años de la muerte de Hugo Chávez (una muerte de la que por cierto, ni siquiera se puede estar seguro del día exacto), varios analistas y observadores han apuntado que la cada vez más profunda crisis económica en Venezuela se ha visto potenciada por la “falta de estatura política” y los “errores” de Nicolás Maduro y su gobierno. Esta percepción es compartida por muchísimos venezolanos, quienes hoy miran con nostalgia el gobierno de Chávez y llegan a decir “Con Chávez sí, con Maduro no”.

Esa mirada melancólica al pasado es entendible, pero parte de un error: Supone, sin ninguna base, que las cosas con Hugo Chávez irían mejor, sin observar que lo que hoy sufre Venezuela es el producto inevitable del gobierno del presidente Chávez y de sus políticas. Con Chávez en el gobierno, las cosas no serían hoy muy distintas e, incluso, podrían ser peores. Con su muerte, Hugo Chávez se libró de ese dictamen histórico y lo trasladó, entero, a Nicolás Maduro, a quien nombró su sucesor, de forma “firme, plena, irrevocable y absoluta, como la luna llena”, en una escena que en cualquier telenovela se hubiera rechazado por excesiva.

En realidad, la mayoría de los problemas que hoy agobian a Venezuela ya se habían iniciado durante los catorce años largos del gobierno de Hugo Chávez: inflación desbordada, escasez de alimentos y medicamentos, dependencia de importaciones, control de divisas, delincuencia exponencial, gigantesco déficit público, son fenómenos que crecieron al ritmo de las políticas impulsadas por Chávez: planificación centralizada, control del precios, expropiaciones, ataques a la libre empresa, redistribución de la riqueza, permisividad a la corrupción como pago de fidelidad política, persecución a la “burguesía” y a la prensa por advertir de los fracasos, juicios públicos a periodistas, represión a opositores, su visión de convertir a Venezuela en una nueva Cuba, etc. Al respecto, es interesante señalar que a su llegada al poder, Hugo Chávez se encontró con que 45% de los venezolanos se hallaban debajo de la línea de pobreza. Hoy, tras millones y millones de bolívares “invertidos” en programas sociales, dicha línea es más alta y abarca ya al 48,4% de la población.

Con la tenacidad de un fanático religioso o de un obseso mental, Chávez llevo adelante su experimento del “Socialismo del Siglo XXI”, sin reparar ni en los resultados ni en los fracasos, sin advertir que sus mismas políticas causaban los problemas de inflación, escasez, desabasto, racionamiento, que creía combatir. Incluso, obsesionado en seguir los pasos de Fidel Castro, se empeñó en exportar su extravagante modelo al resto de América Latina y España, a golpe de petrodólares y la compra de aliados políticos, en lugar de preocuparse seriamente por hacer realidad su promesa de un duradero bienestar social para los venezolanos.

Aún sin la reciente caída de los precios del petróleo, que representa el 90 por ciento de sus ingresos, la suerte de la Revolución Bolivariana estaba echada. Era cuestión de tiempo. Desde sus primeras políticas, castigando la producción y el trabajo y premiando la intervención y la regulación asfixiante e ineficiente, sancionando a empresarios y recompensando a cómplices políticos, Hugo Chávez fue cavando su fracaso. Maduro, quien hoy sólo goza de un escaso 22 por ciento de popularidad, según la consultora Datanalisis, a las puertas de las próximas elecciones parlamentarias a fines de año, sólo fue el administrador de su ruina, pero no su artífice, al menos no por completo. No comprender esto es pensar que con “mejores” personas, con un “verdadero estadista” con políticas mejor “bienintencionadas” o con mayor “lealtad” socialista se hubiera obtenido un resultado distinto. En realidad, es imposible crear y mantener riqueza cuando el sistema político y económico es el saqueo institucionalizado.

Pasar de los planes faraónicos a la sobrevivencia diaria, de las visiones optimistas del futuro al presente lleno de rencor y desesperanza de sus supuestos “beneficiarios”, del discurso progresista llegar a las persecuciones, los arrestos, al cinismo autoritario de conservar el poder sólo por el poder: Toda forma de progresismo revolucionario ha recorrido, tarde o temprano, el mismo camino. Nos lo mostró apenas ayer mismo Cuba y su esclerótica dictadura, para no irnos más atrás aún (la URSS, Camboya, la etapa del Terror en Francia…). Hoy nos lo enseña Venezuela. El problema no es de personas ni de intenciones, sino de la receta misma.

@victorhbecerra

Publicado originalmente en Mises Cuba

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